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Felipe Vega de la Cuadra, un escritor leal a sí mismo y a la historia – nota de lapalabrabierta.com

Descubre la vocación literaria desde niño y con una voluminosa obra inédita ha sentido “horror de publicar haciendo una buena hoguera con unos malos versos”. Abdón Ubidia alguna vez lo confrontó sentenciando que “vas a ser un gran escritor post mortem porque no publicas”. Felipe Vega de la Cuadra publicó una primera novela El alma animal hace tres años. Ahora que publica su segunda novela, La libertad que no llega, (Editorial Esketetra) reconoce que ha tenido “una compulsión por escribir”, novelas, ensayos y cuentos, inhibido de publicar porque ha sentido el peso de su abuelo el escritor guayaquileño José de la Cuadra frente a quién “he sentido miedo a fallar, es la causa de no poder publicar los pininos del nieto, esa es la razón de fondo”. No obstante, se reconoce un escritor “con voz propia”, distinto a su abuelo un fantasma en la familia, a quien dice amar junto a su obra. Psicólogo de profesión, Felipe Vega de la Cuadra, no cree en el poder terapéutico de la literatura, no se escribe para conjurar demonios según “ese mito construido a lo largo del romanticismo tardío de que los escritores malditos debían conjurar sus males y conflictos internos». La literatura, afirma, es un ejercicio natural -se escribe como respirar- del cual los escritores “no salimos más enriquecidos sino profundamente erosionados”.

En ese ejercicio creativo reconoce que todo escritor trae consigo sus lecturas, experiencias literarias e influencias. En su caso, Abdón Ubidia y Eliecer Cárdenas reconocen influjo en la obra de Vega de la Cuadra del estadounidense Bukowski y otros autores “contemporáneos sicologistas”. Los escritores somos el cúmulo de todas las experiencias, somos como un árbol que se nutre de muchas raíces y de todas ellas conformamos nuestros frutos, afirma nuestro autor.

¿Puede la literatura contribuir a un mundo mejor?     

La literatura no contribuye a un mundo mejor, éste se lo hace en el ámbito de la política y esto hay que tenerlo muy claro. Las decisiones políticas son las que hacen un mundo peor, es en ese campo en donde vivimos las grandes tragedias y las grandes salvaciones humanas.

¿Nadie se salva de la literatura?

Nadie se salva solo. Si hubiera una salvación solitaria hay libros que te salvan, hay historias que te salvan, pero la salvación individual no sirve de nada en un mundo en el que vivimos una realidad brutal, depredadora, criminal y desalentadora.

¿Entonces de qué sirve, o de qué se sirve la literatura?

La literatura tiene otras funciones. Tal vez la literatura te plantee muchas preguntas, te conmine a pensar y a cuestionarte, te ponga en el borde de tu misma humanidad, y esta sea la puerta para que tu hagas otras elaboraciones políticas y humanas, elaboraciones de compromiso, pero eso ya queda en tu convicción vital. La literatura puede aproximarte a algo, a mí me ha aproximado a las cosas. Leer me ha confrontado con muchas partes de la realidad, pero son otros procesos los que realmente pueden cambiar el mundo. No sé hasta dónde grandes obras de la literatura puedan haber transformado el mundo, pueden haber transformado a las personas y ellas haber encontrado la puerta de entrada para mejorar su entorno y su realidad.

¿Qué revela tu novela recientemente publicada, La libertad que no llega?

Es una novela bastante sólida porque recoge en una investigación, cinco décadas de la historia de este sector del continente, Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela. Entre las reformas borbónicas en las que llegan a formarse los Amigos del País dentro de las reformas que planteó Carlos III, hasta los primeros diez años de existencia de la República del Ecuador. Es decir, en la novela está todo el proceso de gestación de la Independencia de estos países, es una novela de viaje en la que los personajes independentistas Miranda, Cuero y Caicedo y Nariño que recorre al mejor estilo decimonónico la ventura de viajar por el paso más difícil de navegación que es el Estrecho de Magallanes. Se describe el paisaje chileno, los procesos de Independencia en el Río de la Plata, Uruguay, Paraguay, la realidad de la guerra con Inglaterra, la dominación francesa en España. Es decir, es un inicio de siglo que trae una gran cantidad de eventos revolucionarios. Son cincuenta años reales de la historia narrados por un personaje real, que están hilvanados por un novelista que tiene el permiso de hacer coincidir en una cárcel de Cádiz a Francisco de Miranda, a Antonio de Nariño y al protagonista y narrador, el presbítero quiteño Francisco Rodríguez. Son los precursores de la Independencia de Ecuador, Colombia y Venezuela conversando por las noches en la prisión donde estuvo Miranda. La novela es también una historia de la masonería en estas tierras, porque los independentistas americanos fueron masones. Es una novela reveladora de una gran cantidad de material histórico, en la vida de grandes hombres y mujeres ecuatorianos quiteños a los que la historia se ha encargado de vilipendiarles y de ocultarles.

¿Más allá del registro histórico, la novela trae elementos que trascienden y permanecen vigentes en la actualidad?

Esa ha sido una sorpresa para mí, la vigencia de todos los conflictos que se abordan en la novela, en la actualidad brutal de la cárcel, la persecución, las componendas, los aprovechamientos, los engaños, los conflictos locales entre castas, de intereses de clases son exactamente los mismos. La novela trata de ser lo mas leal a la historia no contada del Ecuador y resulta que ha sido leal a lo que está sucediendo hoy en nuestro país.

El lanzamiento de la novela, La Libertad que no llega, publicación auspiciada por el Instituto de Patrimonio de Quito, será el próximo domingo, a las 10h00, en la sala protocolar del Centro Cultural Metropolitano, en el marco de la Fiesta Intercultural del Libro.    

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