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La inclusión es otra clave del Quito Tiene Teatro

Además de tener un gran éxito de público, el programa Quito Tiene Teatro ha demostrado otras virtudes. Esta programación es parte del Verano de las Artes. Surge de un proceso colaborativo entre la Secretaría de Cultura del Municipio y el Comité de Gestión de Artes Escénicas, una organización independiente formada por los gremios teatrales de la ciudad.

Las salas llenas han sido auditorios no solo para la dramaturgia. Han sido espacio para hacer públicos discursos complejos y polémicos, que en el arte encuentran un territorio idóneo para dialogar con la sociedad. Fue el caso de la obra Umbral de flores, presentada el sábado 19 en la Carpa Escénica del parque Itchimbía.

Una pieza sobre la exclusión de la que es víctima la comunidad LGBTI+. Una obra en la cual el humor permite mirar el tema y tratarlo sin ambages. La obra provocó risas y al final hasta arrancó lágrimas en el público y en los artistas. Por primera vez, dijeron, tenían oportunidad de actuar ante 400 personas, muchas, pero muchas más, de las que caben en sus espacios escénicos alternativos.

Pero no lloraban los actores por el público. Ni el público lloraba en vano. Era un silencio insalvable que se rompía, un muro en el cual las rendijas dejaban, acaso por primera vez, mirar al otro, reconocerlo, valorarlo y respetarlo. El llanto empezaba a llenar ese vacío, avanzaba sobre el adobe disolviéndolo.

Daniel Moreno, director de la pieza, se jugaba mucho más que un logro estético en esta obra y en su trabajo de actor y artista escénico. Además de la técnica compleja del transformismo en escena, Moreno es un consciente militante por la causa de los derechos sexuales.

La sensibilidad del público y su apertura a este mensaje son un buen signo. Un síntoma, quizá, de que hay traumas y complejos machistas que la sociedad va superando. Una señal de que, a lo mejor, antes que tolerancia hay cada vez más respeto hacia la diferencia. Porque lo normal no existe, es solo una idea, un espacio de comodidad donde todo se explica más fácilmente.

Son años de trabajo escénico de Daniel Moreno. Su presencia en la programación estelar del Quito Tiene Teatro de este 2017 es un justo reconocimiento al trabajo teatral. También sirve para recordarnos que, desde siempre, el teatro y el escenario han sido palestra pala las ideas políticas, incluso las de la revolución y el descontento.

En este caso, para un reclamo urgente por una reprogramación en la conducta social respecto a la comunidad LGBTI+. Un reclamo que se hizo no desde la ira ni desde el ruego, sino desde la dignidad y la sensibilidad, desde la risa y la complicidad.